Construyendo Tejido Humano

Desde hace 23 años Anglesey Villa comenzó a usar sus manos con un propósito: comenzar a tejer desde la artesanía colectiva un tejido humano que una el territorio de Moravia.

Tras un divorcio tumultuoso y tiempos poco soleados, Anglesey una mujer cabeza de familia descubrió en sus manos el don para crear artesanías a partir del tejido y el crochet que poco a poco le irían abriendo las puertas no solo a un horizonte sostenible para ella y su familia, sino también para conocer personas en el camino que la ayudarían a llegar más lejos de lo que algún día se imaginó.

Luego de varios años haciendo creaciones por su cuenta se encontró en el camino con su pareja actual, también artesano y fundador del colectivo Ecoplans, él la llevó a entender poco a poco cómo las artesanías podrían no solo cambiar sus vidas sino también la de docenas de personas dedicadas a la labor manual en la Comuna 4 de Medellín.

Poco a poco y con una idea clara en la cabeza, se fueron uniendo otros 6 colectivos de artesanos y juntos crearon “Llévate alguito pues” una organización que busca llevar los productos de tradición a nuevos territorios. Inició en 2019 y a pesar de varos meses duros por la pandemia, sus integrantes se mantuvieron firmes en los procesos que los llevaría a mejorar la calidad de sus productos y por ende, de sus vidas.

Llévate Alguito Pues no es solo una plataforma de apoyo y visibilidad para los artesanos locales, sino que también se ha convertido en un medio para mejorar los procesos de producción de los productos en varios sentidos. Brindan espacios de promoción a los artesanos, apoyo en el desarrollo estratégico de las ideas y además también hacen talleres medioambientales y de artesanías a turistas o locales que les interese el tema.

Y aunque no ha pasado mucho tiempo desde su fundación esta ha sido una organización que ha crecido de manera exponencial pero aún no paran sus metas, como la misma Anglesey lo dice… es una soñadora incansable y tiene un equipo de trabajo que la apoya a construir sus ideas.

En el futuro les gustaría poder tener más puntos de venta de las artesanías que nacen de sus colectivos, ojalá en los sectores más transitados del Valle de Aburrá y ¿por qué no? llegar a internacionalizarse con exportaciones a diferentes países. También les encantaría dictar sus talleres en otras ciudades, llevar su conocimiento tan lejos como sus pies lo permitan para continuar creando tejido desde lo humano.

Pueden conocer más de esta organización dando click aquí.

Jesús Ríos: LA VIDA EN TORNO A UN TORNO

En su discurso, repite con frecuencia la importancia de los 4 elementos: aire, tierra, fuego y agua. “Si faltara uno sólo, el hombre dejaría de existir. El arte de la cerámica necesita de ellos. De la tierra tomamos el barro, con el agua se moldea, el aire debe extraerse en su totalidad amasando el barro en el torno para que, cuando la pieza sea llevada al fuego, no se quiebre”. 

Es Jesús Ríos, “Chucho”, como le gusta que le llamen, uno de los pocos artesanos que conserva la tradición alfarera en Caldas, oficio al que lleva dedicado más de 50 años. Es un hombre de puertas abiertas: afable, conversador, encantador. 

Chucho viene de una familia de artistas, y desde niño sintió el llamado del ritmo. “Yo gozaba mucho cuando mi abuela, la mamá de mi mamá, que vivía con nosotros, compraba cualquier cuadrito, normalmente de un santo, y entonces lo dibujaba, igual que los superhéroes de unos periódicos que traía mi papá, y se los mostraba a toda visita que llegará a la casa”. 

Su papá trabajaba en Locería Colombiana, y Chucho se sumó a la empresa. Su primer cargo fue como barrendero y fue escalando hasta llegar a ayudante de forjador. Siguiendo el consejo de un gran amigo decidió estudiar Artes Plásticas en el Instituto de Bellas Artes, donde aprendió el oficio ceramista y terminó por convertirse en el líder del centro de enseñanza de cerámica de la empresa. Hoy en día sigue siendo docente, pero enseña en su propio taller, espacio que considera el centro de su vida. 

Amigo inseparable de su torno, que también se llama Chucho y lo ha acompañado durante muchos años. “La gente me ve trabajando en el torno, dándole vueltas, dice “cómo se cansará”, pero no, uno no se cansa, se cansa más fácil el espectador que uno”. Lo usa para todo: la preparación del barro hasta su punto óptimo para comenzar a ser modelado, el diseño manual de las piezas, pintar los platos una vez estén secos. Le da vueltas y posa el pincel mojado sobre el plato para humedecerlo un poco, ya con color crea un fondo a medida que el plato sigue girando, y después da rienda suelta a su  creatividad pintando formas y paisajes sobre su lienzo de barro.

¿Qué hacer en Caldas?

Caldas podemos vivir una experiencia espacial en torno a la cerámica de la mano de la Corporación Crese, en la que es posible conocer la historia de esta tradición a través de 4 momentos: un recorrido por los objetos coleccionados en el Museo de la Cerámica, encuentro con un maestro alfarero, taller de pintura en un plato, y barroterapia.

También podemos vivir una experiencia cafetera en la Finca Novaola, un rinconcito del paraíso cafetero donde podrás realizar un recorrido con  su dueño, un hombre encantador y amante de su oficio. Ofrecen un delicioso almuerzo: fiambre casero en hoja. 

Igualmente, es posible realizar un recorrido ecológico y disfrutar del avistamiento de aves en el Alto de San Miguel.

¿Dónde comer en Caldas?

El Que Tenga Tienda es un hermoso restaurante con poemas en sus paredes, una nevera que se usa como biblioteca y objetos coloridos de todo tipo. Tiene un menú diferente cada día, en torno a sabores de regiones colombianas. Se hace bar por la noche, y es posible, además de cocteles, disfrutar de las cervezas artesanales del municipio, Perro Viejo. 

Señales de Humo es un restaurante pequeño y acogedor, especializado en productos de parrilla y hamburguesas artesanales. Sus platos especiales son la hamburguesa y el ceviche de chicharrón ahumado.  

En el restaurante Donde Cheche recomendamos el fiambre, que se sirve en hoja de plátano sobre un bowl, y viene con chicharrón, chorizo, carne molida, arroz, plátano maduro, huevo duro, papita cocida con hogao y una arepita. 

De La casa de Checho, su propietario, Sergio Velásquez, dice que “no es un restaurante, es mi hogar, donde abro las puertas para compartir y co-crear alrededor de la cocina”. Se atiende con reserva previa. No hay un menú definido, siempre puede cambiar y la idea es crearlo de acuerdo al perfil del visitante, favoreciendo la alimentación saludable y con productos locales.

Café-Restaurante Sabor Ambrosía trae a Caldas una propuesta de comida sana en un espacio con aires marineros. Especialmente recomendado, su salmón por su presentación y su sabor.

En Arepitas otra vez se ofrecen más de 26 variedades de arepas, la base sobre la que posar sabores como la lengua con champiñones ó callos en salsa criolla. 

Café Cielo Roto nace a partir de los cultivos de varias familias del municipio que se asocian para vender su café, además de su deliciosa repostería comercializan otros productos de su haber como la cerveza y la miel. 

Pero Caldas no sólo es sede de restaurantes, sino también de toda suerte de tiendas y mecateadoros para satisfacer antojitos. En esta categoría encontramos Las Auténticas Obleas con Arequipe, las más famosas del municipio, vendidas por las hermanas Vanegas, 3 mujeres que siguen viviendo juntas en la casa en la que por más de 40 años han entregado las obleas por una ventanita conocida por todos. Se pueden rellenar con dulce de mora y queso, pero la tradicional es la que lleva solo arequipe. 

En La Casa del Jugo encontramos las tortas de pescado de Doña Sofía Bedoya, que en 1985 inició este negocio acompañando las tortas de jugos que se entregaban en la jarrita, detalle  que se convirtió en un sello distintivo.

La Posada, parva y dulces de la familia Posada, que por más de 70 años ha mantenido viva esta tradición. Son reconocidos como los mejores reposteros y pasteleros del municipio, con sus galletas, lenguas, empanaditas diminutas rellenas de papa y hogao y pastelitos gloria.

En Derivados de la Leche, el producto estrella es el queso provolone de pasta hilada, que se vende solo o relleno de bocadillo o verduras. Venden otras delicias como como yogures y kumis.

De Merengones La Clara destacamos su merengón de maracumango y sus obleas, que se ofrecen con crema de chantilly, arequipe, salsa de mora, queso y polvo de milo. 

El municipio no se escapa de la parranda, y ha sido famoso por su carácter caballista. El centro de esta escena ha sido El Kaiser, fonda tradicional que desde 1953 revive el pasado al son de tangos y boleros. Su propietario, Guillermo Hernández, es uno de los más grandes coleccionistas musicales del país. 

La Mulera, la otra fonda tradicional por excelencia, ocupa toda una cuadra en el Parque de la Locería, y es el lugar de llegada de las cabalgatas para «el remate». Más allá de su carácter de fonda, vale la pena visitarla por ser un museo vivo repleto de objetos tradicionales.